¿Periodismo tradicional vs. periodismo digital?


Bogotá, Colombia 20 de NOV

Crédito: Freepik

En las dinámicas de la información actual parece que las polarizaciones también se han querido tomar los medios de comunicación y su manera de operar.

Los críticos y académicos hablan de periodismo tradicional y de periodismo digital como si se tratase de dos mundos aparte en la cotidianidad demandante de divulgar y conocer la realidad cada segundo que pasa.

La división ha hecho eco en otros campos donde la comunicación es primordial: el marketing, las asesorías y el Free Press, la producción audiovisual, los negocios digitales, por mencionar algunas.

Sin embargo, independientemente de los formatos, las herramientas y las narrativas que han incidido en sus formas de producir, publicar y capturar la atención de seguidores, audiencias y afectos, todo por cuenta de la tecnología, hay que decir que la esencia del periodismo se mantiene a través del tiempo y las formas.

Muchos pensadores y observadores del fenómeno han abordado esos límites que constantemente deben cruzar para conservar los principios de un oficio que tiene claro su objetivo en la sociedad y a la vez debe adaptarse a las velocidades cambiantes de la oferta y el consumo de contenidos para sobrevivir.

La brecha entre periodismo tradicional y periodismo digital es fácil de establecer por cuanto sus características diferenciales saltan a la vista y dejan sobre el tapete la necesidad de analizar, estudiar o reflexionar sobre las prácticas éticas que implica uno y otro al estar sujeto a una serie de factores que pueden cambiar el propósito de lo que se hace.

Cito a tres de ellos:

  • De acuerdo con Manuel Castells en una columna para la Fundación Gabriel García Márquez sobre ética en la era digital:

“Internet suprime la presión de la sociedad, que cuenta en las decisiones éticas, y sitúa a sus usuarios en una soledad en que solo se da la presión de la conciencia personal. Que si esta no se manifiesta con una voz fuerte, Internet se convierte en el espacio propicio para los deseos no tutelados, o como escribe Gordon Graham “Internet no puede proveer una base adecuada para la vida moral. Conforme los individuos van creando más relaciones con Internet, el mundo en que entran es el de la anarquía moral”.

Sostiene el mismo autor que, a cambio, el periodismo ejercido en los medios tradicionales sí genera presiones sociales intensas que inciden en su ética representada en cada uno de los periodistas que difunden la información a través del manejo de sus fuentes y mensajes. En otras palabras, tienen cara y nombre propio con evidencias que deben ser tenidas en cuenta en caso de alguna duda o confusión. Contrario puede suceder con los medios que se valen de las plataformas digitales sin estructuras sólidas y transparentes, donde la credibilidad no es un indicador tan preponderante.

  • Carmen Alicia Sarmiento, periodista veterana de noticias en televisión en Colombia, protagonista del video que adjunto como ejercicio de aproximación a la ética periodística en tiempos digitales, asegura que entre estas dos vertientes fabricadas por quienes las definen así, no son compatibles los tiempos con la calidad y la profundidad que debe regir la información.

Para ella, que sobrepasa los 30 años haciendo reportería en distintos medios, lo que se cuenta en pocos segundos solo puede ser un resumen insustancial del acontecimiento que merece ser desarrollado con todos los detalles y frentes en espacios menos restringidos a los de las redes sociales como la prensa escrita o los noticieros en televisión y radio. Sarmiento, en su formación y reputación como una de las periodistas más creíbles de la prensa colombiana regional, reafirma con su posición que lo digital adolece del peso y el rigor que lo análogo ha edificado por tanto tiempo. Pero también sabe que los medios para los que ha trabajado deben adoptar nuevos lenguajes y dinámicas capaces de atrapar a las audiencias que están en formación para que no sean presas fáciles de las informaciones falsas o infundadas y en el caso de los medios, de la obsolescencia.

  • Por su parte, el periodista y catedrático de habla hispana, José Luis Martínez Albertos, ha citado en una de sus conocidas publicaciones a Ignacio Ramonet, director del semanario Le Monde Diplomatique, quien señala repetidamente que “una de las características de las nuevas tecnologías, especialmente Internet, es el aumento del sentimiento de caos por dos motivos principales: porque establece el tiempo real, la instantaneidad como ritmo normal de información, y porque cualifica el rumor, la noticia no verificada, como una categoría perfectamente natural de información”.

Parece que los puntos comunes entre periodismo digital y tradicional aún navegan en territorios borrosos y pendientes por caracterizar a través de manuales o instructivos que ayuden al menos a saber cuándo se ejerce uno y el otro, o uno que mezcla ambas metodologías y herramientas bajo qué intenciones.

Mientras los periodistas no lo tengan claro, la audiencia y los seguidores menos lo sabrán y deberán sostenerse no solo sobre sus bases morales individuales, como plantea Castell, sino afinar, su criterio e instinto, en la búsqueda democrática de datos que ayuden a dilucidar verdades correctas en confrontación, elaboración y verificación para tener la tranquilidad de no ser engañado.