La memoria de Jesús Héctor Gallego sigue vigente en los campos del distrito de Santa Fe de la provincia de Veraguas.
Luego de 51 años, después del secuestro, desaparición y asesinato del religioso, aún falta la verdad material de este crimen forzado, cuyos restos no han sido hallados después de muchos intentos de la iglesia y de las autoridades judiciales.
Gallego, oriundo de Medellín llegó al poblado de Santa Fe en 1968, como sacerdote de la comunidad y poblados campesinos, antes que los militares tomaran el poder tras un golpe de Estado, el 11 de octubre de ese año.
El sacerdote colombiano cinco días antes de su secuestró explicó en una entrevista radial, múltiples hechos ocurridos en Santa Fe junto a los pobladores, quienes eran trabajadores y jornaleros sumidos en la ignorancia y la pobreza.
El 9 de junio de 1971, el religioso fue sacado de la casa donde pernoctaba y militares de civil lo golpearon y se lo llevaron en un vehículo.
Gallego había estado organizando a hombres, mujeres y jóvenes para que buscaran otros mecanismos de trabajo, formando el cooperativismo en la región santafereña, lo que causó la indignación de los terratenientes.
El sacerdote diocesano Patricio Hansen, considera que la vocación de Gallego estuvo basada en la evangelización de los pobres, dando seguimiento al Concilio Vaticano II.
En la revista de la época Diálogo Social, Héctor Gallego habló de las dificultades encontradas en Santa Fe, expresando que “realmente no es la comunidad la que me ha rechazado. Han sido algunos elementos de la comunidad, porque el movimiento va en contra de sus intereses”.
Los terratenientes dueños de grandes hectáreas agrícolas consideraban al sacerdote como un comunista.
Gallego reveló en 1971, que “inicialmente fue una etapa de tratar de desmoralizar al movimiento, pero cuando se dieron cuenta que esto no era posible, que esto no estaba surtiendo efecto, esta campaña de desmoralización, entonces comenzaron a llegarse acciones más concretas”.
Un tiempo atrás la casa del sacerdote había sido quemada, mientras el propio Gallego relataba en la entrevista que “la autoridad comenzó a amenazar, aún el mismo Gobierno comenzó a presionar para que la Cooperativa fuera una Institución del Gobierno”.
Gallego desapareció después de las amenazas sin conocerse quien fue el autor intelectual, se determinó judicialmente su muerte pero el cuerpo aún permanece desaparecido.
A los 51 años de la desaparición forzada y asesinato, el sacerdote Patricio Hansen considera que la iglesia panameña no ha dejado que la memoria se diluya en el largo camino de evangelización para los pobres.
Intentos de la Fiscalía Superior de Descarga del primer distrito judicial por encontrar los restos de Gallego, fueron infructuosos, tras determinar el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Costa Rica que restos exhumados para su análisis de ADN no coincidían con lo de los familiares de Gallego.
Los cotejos fueron realizados con los restos del también dirigente asesinado en 1970, Heliodoro Portugal, bajo la petición del Segundo Tribunal de Justicia de Panamá, ante dudas de la fiscalía, explicó la fiscal Superior, Geomara Guerra en un documental denominado “Héctor Gallego: 50 misas de cuerpo ausente”.
En Santa Fe de Veraguas, una imagen erigida y un museo en su memoria, es el recuerdo que permanece aún en una población que espera algún día conocer la verdad sobre el sacerdote colombiano. ¿Dónde está Gallego?
