Una breve guía para no hacer periodismo que revictimice a las mujeres
Bogotá, Colombia 19 de ENE

Si hablamos de ética periodística no podemos hablar de revictimización mediática. ¿Qué es esto? y ¿cómo se puede evitar? Le damos tres consejos básicos para que su trabajo este de lado de la víctima y no de lado del sensacionalismo
Miles de mujeres en América Latina y el mundo pasan a diario por terribles situaciones que pueden terminar en traumas físicos, psicológicos o incluso en la muerte. Es una realidad, y es deber del periodista visibilizar esta problemática. Sin embargo, es un tema que se debe tratar con mucho cuidado para no caer en la revictimización.
El Instituto Latinoamericano de Capacitaciones Jurídicas define, la también llamada victimización secundaria, como “las acciones u omisiones inadecuadas que incrementan el daño sufrido por la víctima como consecuencia de su contacto con las entidades encargadas de la atención, protección, sanción y recuperación de la violencia”.
En este caso, hablamos de revictimización por parte de la prensa, una de las instituciones que más daño puede causar si hace un mal manejo de la información, debido a su alcance, carácter masivo y permanencia en el tiempo -más ahora con los medios digitales-.
Cuando un periodista revictimiza a una mujer, no necesariamente lo hace intencionalmente, a veces es falta de conocimiento sobre el tema. Sin embargo, ya sea de una manera u otra está mal, los profesionales de este oficio deben saber abordar todos los temas de la mejor manera posible y más si se trata de algo tan sensible como la violencia contra la mujer.
No es justo que una persona viva una situación de violencia y que su dolor incremente aún más por aparecer, de mala manera, en la prensa. Por eso, le damos tres consejos básicos para que sepa cómo hablar de estos temas sin herir a nadie.
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Póngase en sus zapatos
Mientras escribe o narra la nota, piense en ella, en su familia y póngase en sus zapatos. Seguro no le gustaría que su rostro violentado o inerte encabece los medios de comunicación, tal vez incluso no le gustaría ver su nombre en los titulares.
Podríamos nombrar mil aspectos y nos quedamos cortos porque cada situación es diferente, solo es importante que cada palabra que escriba o diga sea pensando en ella y en cómo se podrá sentir al leerla. Acá la empatía es el factor más importante.
Ella no es la culpable
Cuando una mujer pasa por un hecho desafortunado y esto llega al ojo público, suele haber comentarios desagradables sobre sus actitudes, su manera de vestir, su físico o cualquier otro factor que pueda sugerir que ella fue culpable de lo sucedido.
Si bien el periodista no es responsable de los comentarios que se hagan en redes sociales, sí es responsable de lo que escribe o dice. Un profesional de este oficio no puede dar pie a este tipo de terribles acusaciones.
Generalmente, datos como su forma de vestir, el lugar dónde se encontraba o la hora del hecho, son irrelevantes para la noticia. Si bien cada caso tiene matices diferentes que deben ser analizados de acuerdo con la situación, el periodista debe preguntarse si la información que está dando realmente es necesaria o es un dato que en vez de aportar, resta al ejercicio informativo ético.
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No publicar también es una opción
Es cierto que el periodismo tiene el deber de visibilizar diferentes problemáticas con el objetivo de que no se vuelvan a repetir. Sin embargo, cuando hay temas tan delicados, hay que pensarlo dos veces.
Muchas mujeres no denuncian a sus victimarios por miedo a que sus familiares, amigos y conocidos sepan lo que ha pasado. Denunciar es un acto de valentía, y todas manejan su proceso a su manera y es válido. Algunas prefieren viralizar lo que les ha ocurrido para que no les pase a otras mujeres y otras prefieren mantener el tema en privado; ambas situaciones están bien.
Si una mujer le manifiesta al medio de comunicación o periodista que no desea hablar o publicar su caso, es una obligación respetar su decisión. Si el medio no conoce la posición de la mujer puede optar por cambiar su nombre, haciendo la aclaración de que lo está haciendo.
Un buen periodista siempre encontrará la mejor manera de informar sin perjudicar a nadie. Este es un tema en el que no debe haber margen de error, los periodistas son humanos y pueden errar, pero cuando se trata de un tema tan delicado, se juega con la reputación, la vida y la dignidad de las personas por lo que el nivel de atención al detalle debe ser mayor.


