El abordaje de los temas conflictivos para la prensa de entretenimiento
Cali, Colombia, Enero 18 de 2023

Foto: Tomada de el diario El país.com.co
Es noticia en las redes por estos días de finales de año y principios de 2023 un par de lanzamientos relacionados con marcas de moda en Colombia. Una más reconocida que la otra por el nombre de la diseñadora que durante los últimos 10 años no ha logrado más que poner en el ojo del espectáculo mundial, las plataformas digitales más cotizadas y de sus protagonistas, los alcances de la moda colombiana con sus versiones glamourosas del colorido, el folclor, el Caribe y una gran porción de la cultura latinoamericana.
Las críticas a las dos campañas publicitarias de las marcas Johana Ortiz y Sixxta, una para el lanzamiento de un libro de colección y la otra para su nueva serie de prendas, han cobrado gran notoriedad en redes sociales y versiones digitales de medios tradicionales donde prima la democracia de opinión.
Se le ha leído a expertas, estudiosas del fenómeno fashion, feministas, periodistas y demás que sienten importante alimentar estas posturas, dejando fe de su indignación frente a la intención del marketing usado para promocionar estos trabajos que, según ellas, aluden a viejos esquemas culturales, mandados a recoger, poco reflexivos sobre la inclusión y el respeto a las comunidades históricamente vulneradas en tierras dominadas anteriormente por los españoles, tema sensible que no solo debe ser tenido en cuenta en el contexto de la creación y construcción de una campaña de moda sino de cualquier otra en el campo del entretenimiento llámese joyas, música, emprendimientos o gastronomía, pues el destino podría ser igual o peor.
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Claramente, pocos medios de comunicación, han hecho eco de esta polémica. Muchos en este país, sostienen relaciones muy cordiales con quienes manejan la prensa de estas casas de moda más cuando han sido noticias muy positivas las que se han generado a raíz de su internacionalización o novedades compartidas y divulgadas a todo nivel. Entonces, ¿cuál debería ser el tratamiento de los periodistas, editores o generadores de contenido de entretenimiento más cuando las noticias alrededor de las diseñadoras son casi que agendas ya garantizadas debido a la legitimidad de sus protagonistas?
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La respuesta obviamente obedece al criterio de cada medio. Sumémosle otros factores como el nivel de aproximación o “amistad” entre periodista y fuente, intereses, pauta publicitaria, recomendaciones de los dueños. Para nadie es un secreto que en Colombia y otros países de América, la prensa opera así, y la corriente del entretenimiento no escapa a esto.
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Sin embargo, aunque parte de la respuesta a este interrogante está ya expresada aquí sí desearía realizar incluso un ejercicio de autoanálisis sobre cómo independientemente de la noticia que significa que una diseñadora de renombre lance un libro de moda con impactos relevantes hacia el exterior, es preciso ir más allá para evitar servir de multiplicador de un proyecto que no es tan constructivo como sociedad. En otras palabras y muy castizas cómo evitar ser “idiotas útiles” de una información que tiene serias incidencias en el imaginario colectivo de una comunidad que está en vías de despertar su propia conciencia frente a situaciones que la han marcado en su historia, como la esclavitud, la violencia, los conflictos, la crisis económicas o las migraciones, por mencionar algunas.

Si un medio ya compartió la novedad de la marca, luego de desatada la polémica, ocultarse en el silencio puede ser extremo. Abordar el tema tangencialmente puede ser una manera de expiar la responsabilidad del medio ante su público. Algo como, lo abordamos superficialmente y salvamos nuestra responsabilidad. O definitivamente buscamos fórmulas que nos ayuden a entender el debate y sus distintas posturas ¿sería lo más sano para el medio y sus seguidores? A partir de allí, se podría ayudar a forjar la opinión, el pensamiento crítico y el conocimiento de un público que está enganchado con el conflicto pero que necesita ser orientado para ayudarle a resolver desde sus creencias y dudas, cuál sería la mejor salida para ambas partes y más importante, cuál es la conclusión y el aprendizaje que puede extraer como activo de esta sociedad.
Aunque las disputas, contrariedades, enojos y demás emociones fuertes son fórmulas ganadoras en redes sociales y por obvias razones luego son replicadas por los medios que tienen formatos digitales, todas capitalizadas como clics para sus cuentas finales, es hora de detenerse por un instante a pensar en cómo y con qué intención también propagamos esa idea que nace fuera del medio y parece que fuera leída directamente del boletín enviado por la fuente sin un segundo de observación sobre sus efectos en la gente que la consumirá.

Además de entretener ¿estamos educando y construyendo una sociedad basada en valores como la igualdad, el respeto por el otro, la colaboración y la inclusión? Opino que estos casos merecen todo el abordaje y estudio, si no desde las salas, sí en consejos de redacción para apelar a soluciones que podrían contribuir a ejercer mejor un periodismo que ya no se debe practicar aislado de otros ámbitos como la política, la cultura o la economía, pues si miramos a fondo todo está conectado para que la información sea integral en favor de quienes confían que lo que se dice es coherente con la realidad, con los objetivos comunes y con las aristas o posturas distintas que la enriquecen para entenderla.


